Entre piedras milenarias y hormigón contemporáneo: el arte de construir en Monreal de Ariza
En el valle del Jalón, Monreal de Ariza guarda una de las joyas fronterizas más singulares de Aragón. Fundado en 1128 por Alfonso I el Batallador como Mont Regal, el castillo se alzó para defender el reino frente a almorávides y, más tarde, frente a Castilla. Durante siglos fue la fortaleza más avanzada en la ribera del Jalón: escenario de encuentros reales, de la Guerra de los Dos Pedros y de asedios que dejaron su huella en muros y recuerdos.
El conjunto se organiza en cuatro recintos escalonados sobre el cerro. Los largos paños de tapial —tierra apisonada sobre zócalo de mampostería— todavía muestran los mechinales de los antiguos encofrados. En la cumbre se conserva la torre pentagonal de sillería. A sus pies, integrada en la muralla como antigua capilla castrense, se alza la iglesia románica de Nuestra Señora de la Asunción (siglos XII-XIII), de nave única y ábside semicircular, una de las más meridionales de su estilo. El casco urbano conserva el trazado medieval y casas solariegas que completan este paisaje de piedra y tierra.
Mesas de picnic de juegos múltiples
Ese mismo arte de construir —preciso, resistente, adaptado al terreno— encuentra hoy una nueva expresión en las mesas de picnic de juegos de hormigón que acabamos de instalar. Como los muros del castillo, el hormigón es materia noble y perdurable. Como la torre y la iglesia, estas mesas combinan función y belleza: invitan al encuentro, al juego y a la convivencia bajo el mismo cielo que durante nueve siglos ha contemplado la frontera.
Así, en Monreal de Ariza, el pasado medieval y el presente se dan la mano. Las piedras que defendieron un reino y el hormigón que ahora acoge a vecinos y visitantes cuentan, cada uno a su manera, la misma historia: la de un pueblo que sigue construyendo con inteligencia, solidez y alma.



