Una mesa de ping pong para Hoz de la Vieja
En La Hoz de la Vieja, un pequeño pueblo de la comarca turolense de las Cuencas Mineras, apenas viven hoy unos 85 vecinos. Encaramado en la Sierra de Cucalón, con su casco urbano partido por tres barrancos y vigilado desde lo alto por una torre fortaleza del siglo XIV, es de esos lugares que hasta hace pocas décadas apenas tenían carretera en condiciones. Esa incomunicación, lejos de debilitarlo, ayudó a conservar algo que en muchos pueblos ya se ha perdido: costumbres, vocabulario y una forma muy particular de sentirse comunidad.

Ese es precisamente el espíritu que hemos querido acompañar con la instalación de una mesa de ping pong de hormigón en el pueblo. En un lugar donde cada vecino cuenta y donde la despoblación es una amenaza constante, creemos que los espacios de encuentro son más necesarios que nunca. Una mesa de hormigón, pensada para resistir la intemperie y el paso del tiempo tanto como lo ha hecho la torre que vigila el pueblo desde el siglo XIV, se convierte en punto de reunión para niños, jóvenes y mayores: un lugar sencillo donde jugar una partida, cruzar unas palabras y sentir que el pueblo sigue vivo.
Porque si algo caracteriza a La Hoz de la Vieja es su capacidad de resistir y de mantener unida a su gente pese a las dificultades. Con esta mesa, esperamos aportar nuestro pequeño grano de arena a esa resistencia: un rincón más donde los hozviejanos —así se llaman entre ellos— puedan seguir encontrándose, generación tras generación.




