Centro cultural y biblioteca de Montecarmelo
Un nido de color para la nueva Biblioteca Carmen Martín Gaite de Montecarmelo
El barrio madrileño de Montecarmelo estrena uno de sus proyectos culturales más esperados: el nuevo centro cultural con biblioteca, bautizado como Carmen Martín Gaite en homenaje a la escritora española, en reconocimiento a su estrecha vinculación con Madrid. Situado en la avenida del Monasterio de Silos, el edificio se levanta sobre 2.266 metros cuadrados repartidos en tres plantas, concebidas como volúmenes que se entrelazan entre sí para dar continuidad al espacio interior. Diseñado bajo criterios de accesibilidad universal y máxima eficiencia energética, cuida especialmente la luz natural y la relación entre el interior y el exterior, convirtiendo la propia arquitectura en un elemento vertebrador de todo el conjunto.
Para acompañar y poner en valor este nuevo equipamiento, desde Garden Center Ejea hemos tenido el privilegio de desarrollar íntegramente uno de sus elementos más singulares: una colección de asientos con forma de pájaro que hoy reciben a los visitantes en el espacio exterior del edificio.

El proyecto nació desde cero, con la talla del modelo original en madera, pieza a pieza, cuidando cada curva hasta lograr la silueta redondeada y entrañable que finalmente identifica a estos «pájaros». A partir de ese original se desarrolló el molde, un proceso delicado que exige precisión milimétrica para trasladar fielmente cada matiz de la talla artesanal a un útil de producción capaz de repetir la forma con total fidelidad. Solo entonces llegó la fabricación de las piezas definitivas, ejecutadas en un material resistente a la intemperie, pensado para un uso exterior intensivo y para acompañar el mobiliario urbano durante muchos años.
El resultado son estos asientos de siluetas orgánicas y colores vivos —turquesa, coral, azul y amarillo— que salpican de alegría la fachada acristalada de la biblioteca. Más que mobiliario, funcionan como pequeñas esculturas habitables: invitan a sentarse, a jugar, a fotografiarse, y aportan al conjunto arquitectónico ese punto lúdico y cercano que tan bien conecta con el espíritu familiar y vecinal de Montecarmelo.
Haber acompañado este proyecto de principio a fin —desde la primera talla en madera hasta la instalación final de las piezas— es motivo de orgullo para nuestro equipo. Ver cómo un boceto artesanal se transforma en un elemento vivo del espacio público, capaz de convertirse en el rincón favorito de los más pequeños, es la mejor prueba de que el trabajo bien hecho, con tiempo y oficio, deja huella.















